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¿Para
cuándo me dijo?
A
pesar de las actuales líneas de investigación, no existe certeza
de que las predicciones puedan llegar a ser realidad. Lo cierto
es que tampoco hay una ley de la naturaleza que impida el desarrollo
real de la nanotecnología.
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Ciencia
Ficción
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Por sus características, la nanotecnología ha sido caldo de
cultivo para lo autores de ciencia ficción, principalmente
por aquellas predicciones que hablan de "robots a escala molecular".
Greg Bear ha sido uno de los escritores que ha hecho
imaginativas extrapolaciones respecto al uso de nanomáquinas.
En "Reina de Los Angeles" (1990), Bear imagina la medicina
del futuro con sus nanorobots, una suerte de ADN "motorizado".
En "Marte se mueve" (1993), pequeños robots moleculares se
encargan de adaptar el cuerpo humano para sobrevivir en la
peculiar atmósfera de Marte. Este libro recibió el premio
Ignotus a la mejor novela extranjera publicada en España en
1995.
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En
1993, durante la Tercera Conferencia sobre Nanotecnología Molecular,
los asistentes estimaron que el desarrollo de esta disciplina variaría
entre el 2010 y el 2040. En la revista Wired de agosto de 1995,
se le pidió a expertos que proporcionaran estimaciones respecto
a la materialización de la investigación en nanotecnología. Aunque
no se pueden tomar más que como un ejercicio de imaginación, de
algún modo las consideraciones tienen bases plausibles.
Los
resultados promedio para la fecha en que existiría un ensamblador
molecular se acercarían al año 2010, en tanto, el nanocomputador
podría ser realidad en el 2040 y la reparación de células en el
2028. Pero los primeros productos comerciales comenzarían a ser
una realidad tan sólo en el 2004.
"Algunos
escenarios en los que la nanotecnología puede encontrar aplicaciones,
incluyen impactos potenciales positivos y negativos sobre el medioambiente
y la sociedad", señala en un informe Ineke Malsch, investigador
participante del Institute for Prospective Technological Studies
en el proyecto de nanotecnología.
El
autor admite que se podrían desarrollar fármacos inteligentes
para dirigirlos a un determinado órgano o célula. Además, precisa
que "la última tendencia es mejorar la conexión entre la biología
estructural (es decir, el ADN) y el control de la materia a nivel
molecular, incluyendo tanto beneficios potenciales como cuestiones
éticas". Sin embargo, considera "más futurista" la idea de nanomáquinas
programables muy pequeñas que podrían limpiar vertederos de residuos
o las arterias humanas.
"No
obstante -afirma Malsch-, en una etapa tan inicial de desarrollo,
la tecnología que eventualmente emergería es enormemente especulativa.
La investigación podría conducir a una mejor perspectiva de los
posibles desarrollos y a articular la demanda y aumentar la aceptación
de las aplicaciones de la nanotecnología, implicando los intereses
potencialmente afectados".
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