|
Por
Alfredo Morgan R.
29
de Marzo de 2001
De
acuerdo a distintos analistas, no hay, en el corto plazo, razones
para volver a un mercado que tal como se planteó en un principio
no es más que para un grupo de "elite" con los
recursos y el snobismo suficiente para gastarse US$ 3.500 dólares
en un aparato telefónico.
Cierto es que las necesidades de comunicación existen tanto
en el mundo corporativo como en el personal, pero con la amplia
gama de alternativas presentes ya en la mayor parte del globo, se
hace comercialmente ridículo pagar $3.600 pesos por un minuto
de larga distancia, tal como lo pretendía la política
de precios establecidas por el servicio de telefonía satelital
Iridium, en 1999.
Frente
a esta estrategia, que en un plazo de casi doce meses llevó
a Iridium a la quiebra por sus altos costos, su baja penetración
en los mercados masivos y su incapaciadad para pagar las deudas,
vale la pena preguntarse la razón que motivó a la
empresa a volver, con un promocionado optimismo, al negocio celular
que hoy se debate entre telefonías de distintas generaciones
y diversos servicios inalámbricos.
Iridium
Satellite, consorcio de nuevos y desconocidos dueños del
sistema, asegura que serán una empresa de "nichos"
y no de un millón de clientes como pretendían los
fundadores. La apuesta de esta nueva compañía, que
desembolsó US$ 25 millones para quedarse con una plataforma
que costó US$ 5.000 en su desarrollo, es contar con una serie
de acuerdos como el que ya firmaron con el Pentágono, operación
que les reportará 20.000 usuarios en una sola organización.
Iridium
2.0
|