Los problemas
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El
Media Lab en Boston.
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Pero
Chile no está sólo en la carrera por una sede del
Media Lab "en español". Entre los países
que tienen sus ojos puestos en este centro de investigación
se encuentran México, España, Brasil y Costa Rica.
Este
último tiene poderosas ventajas, la primera es que el país
centroamericano viene trabajando desde hace tiempo con el laboratorio
de Boston. De hecho el ex presidente de Costa Rica, José
María Figueres, es parte del directorio de "Digital
Nations".
Sin
embargo, según Tapia, una de sus deficiencias es que se trata
"de un país más pequeño que el nuestro,
por lo que tiene problemas de escala para transformase en un laboratorio.
Costa Rica requiere de más pares para poder desarrollar un
Media Lab".
Por
otra parte, el mismo José María Figueres logró
que el gigante Intel instalara plantas para ensamblaje de chips
en su país, industria que pudo haber sido conquistada por
Chile. Para Tapia este error "está internalizado. La
presencia del Ministro de Economía y del Subsecretario de
Telecomunicaciones en la misión fue una muestra de que el
gobierno chileno tiene un fuerte interés en este tema",
situación que jugó en contra en el caso Intel, cuando
las negociaciones fueron llevadas sólo por asesores.
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Jaime
Gré, Jefe del Area Tecnologías de la Información y
Comunicación del Ministerio de Economía.
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Otro
elemento que podría complicar las cosas tiene que ver con
la atomización presente entre los centros de investigación
y universidades chilenas, que deberían participar en conjunto
en esta experiencia, y las prácticas de estos centros académicos
muy disonantes con las presentes en el Media Lab, que funciona con
una clara perspectiva de negocios. En este contexto, según
Gré, la llegada del laboratorio sería "una oportunidad
para convocar a nuestros investigadores locales, para provocar innovación
replicable y exportable, para "empaquetar"".
Finalmente,
un obstáculo que podría ser decisivo es el alto costo
de traer una sede del laboratorio. El gobierno irlandés está
invirtiendo US$48,8 millones para dar inicio al laboratorio en su
versión europea, incluyendo un pago adicional de US$9,5 millones
al MIT por el derecho de usar el nombre y la propiedad intelectual
de Media Lab.
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