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Por
Juan Carlos Camus
13 de Diciembre de 2001
Si,
como dice el tango, veinte años son nada, ¿cuántos
son diez?. Es la pregunta que hay tras el World Wide Web, una tecnología
tan simple como increíble, que en un período tan corto
como una década ha generado enormes cambios a nivel global.
Aunque
nació como un método para compartir documentación
entre físicos teóricos, sus alcances muy pronto salieron
de ese grupo, para recibir usos en todos los ámbitos posibles,
desde comercio hasta comunicaciones a lo largo y ancho del mundo.
Formalmente,
el Web nació en 1990 como un proyecto del físico inglés
Tim
Berners-Lee orientado a facilitarle la vida a los científicos
que trabajaban en el Laboratorio CERN en Suiza, ya que permitía
buscar y ver documentos almacenados en una base de datos y compartir
esa información por Internet.
Trabajó
en él durante 1991, con el objetivo de mostrarlo en una reunión
mundial de físicos a realizarse en enero del año siguiente.
Pero en septiembre, lo visitó Paul Kunz, un colega que trabajaba
en el Stanford Linear Accelerator Center (conocido por su sigla
SLAC) y que vio junto a Berners-Lee el nuevo programa en su computador
Next.
Tras
probar sus capacidades y ver cómo lo usaba, Kunz volvió
a Estados Unidos convencido de que debía hacer un sistema
similar, para permitir el acceso a la base de datos de SLAC, que
contenía 200 mil documentos referidos a investigaciones hechas
en ese laboratorio.
Pero
otras obligaciones, lo hicieron dejar el tema de lado, hasta que
le llegó un mail de Berners-Lee, recordándole la demostración
de enero. No pasó mucho tiempo, hasta que el 12 de diciembre
de 1991, Kunz levantó el
sitio de SLAC, que se transformó así en la primera
página web de Estados Unidos.
De
esa manera, el 15 de enero siguiente Berners-Lee ya tenía
dos sitios para mostrar: el suyo y el de Kuntz. La presentación
dejó con la boca abierta a los casi 200 físicos que
se congregaron en el pueblito de La
Londe, en el sur de Francia. Si desde allí, a pocos kilómetros
de la mítica playa de Saint Tropez, se podía ver eso...
desde cualquier lugar del mundo podría hacerse.
Por
eso, cuando regresaron a sus universidades y laboratorios, todos
los asistentes tenían una sola cosa en mente: entrar a Internet
y comenzar a publicar sus propios documentos a través del
web.
La
telaraña mundial estaba comenzando.
Llega
a Chile...
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