| Por
Rodrigo Guaiquil
18 de octubre de 2002
Lo hicieron
de nuevo. No sé que comen estos chicos que logran artefactos
tan bellos como funcionales. Porque el reproductor de MP3 de Apple
es lejos uno de los “gadgets” más preciados que
todo computin debería tener.
Yo estaba acostumbrado
a mi pesado Nomad de Creative y pensaba que era espectacular con
sus 6 GB y su ambidiestra capacidad de conectarse al PC de la oficina
y la iMac de mi casa, pero en los días que he probado este
chicoco del porte de una cajetilla de cigarrillos llamado iPod creo
que definitivamente me ha surgido una nueva necesidad.
Vamos por partes.
No todo fue miel sobre hojuelas como solemnemente he leído
por ahí, ya que primero tuve que actualizar el sistema operativo
de mi iBook a 9.2 para empezar a disfrutar.
Pero
claro, los nuevos Macs ya vienen con Mac Os X y iTunes cargado así
que la experiencia debería ser más o menos así:
desempacas el bicho este, le enchufas el cable Firewire al puerto
disponible de tu Mac y automágicamente el aparato abre iTunes
y empieza a cargar canciones como condenado. Esta funcionalidad
que Apple llama Auto-sync permite mantener actualizada la colección
al interior del iPod.
Al menos eso
fue lo que hizo en mi notebook con las 600 y tantas canciones que
tenía en el disco duro. Cada canción se cargó
en poco más de un segundo y después de unos 5 minutos
ya estaba perillando este ejemplo de diseño industrial con
su carcaza cromada y aplicaciones de aséptico plástico
blanco, muy en la onda futurista de la primera película de
George Lucas THX -1138.
La
rueda de la fortuna...
|