| Por
Daniel Contreras
7 de Abril de 2003
Es
mediodía y estoy parado en Santa Rosa con Alameda, en el
centro de Santiago. Bajo por una escalera ubicada a un costado de
la Feria del Disco y al llegar al subterráneo encuentro 100
de los mejores computadores que puedo imaginar, listos para ser
usados. Starcraft, Quake3 y Counter Strike son los títulos
que dan la bienvenida a esta moderna tierra del nunca jamás,
donde la actividad principal es jugar en línea todo el día.
Bienvenido a Kimochi Games.
Kimochi significa
sentimiento. Para Santiago Huang esta palabra resume su visión
de lo que él cree que son los juegos electrónicos.
Una pasión y un sentimiento. Santiago es un chico joven,
tiene apenas 23 años y ya sabe lo que es vivir y trabajar
en un país desconocido y diferente. Él nació
en Taiwán y el año ‘96 su familia se trasladó
con camas y petacas a la hermana república de Argentina.
El
año ‘99, su familia instaló un cibercafé
llamado Kimochi Online en Buenos Aires. “Empezamos con 60
computadores –cuenta Huang-, la mitad se usaban para jugar
y el resto para navegar, ver correo electrónico y esas cosas.
Como nos fue bien con los juegos, compramos equipos y pusimos el
primer Kimochi Games. Claro que primero tuvimos que juntar plata
y conseguir algunos socios”.
Santiago
reconoce que habla y lee español con un poco de dificultad,
pero que se enreda cuando tiene que escribir. A pesar de esto ha
logrado manejar el negocio familiar muy bien. “En Taiwán,
yo trabajaba en un salón de juegos, atendiendo y ayudando
a los clientes. Y además como tenia tiempo para jugar, buscaba
trucos y soluciones para los juegos de consola, era la época
del Nintendo, y luego las publicaba en una revista”.
Con
gran ojo comercial y escapando de la mala situación en Argentina
la familia Huang decide instalarse en Chile y es así como
en el año 2002, inauguran Kimochi Games Chile.
La
tierra del nunca jamás
El
local de la Alameda atiende de lunes a domingo y sus equipos son
computadores Pentium IV, con 256 kilos de memoria RAM, mouse ópticos
Microsoft y las mejores tarjetas de video con aceleración
gráfica. El salón además cuenta con las pantallas
de 20 pulgadas, sillas ergonómicas, audífonos y un
sistema de iluminación adecuado para poder jugar en las mejores
condiciones.
“Todas
estas características, las implementamos para tener lo mejor
de lo mejor. Para que los jugadores se sientan bien, y sepan que
vale la pena venir a jugar acá y pagar los 600 pesos que
cobramos por hora”, señala Huang.
La
mezcla que se genera en el local es un tanto extraña, aunque
la mayoría de los clientes tienen entre 20 y 25 años,
también se puede ver a personas de más de cincuenta
años jugando contra niños. Enrique tiene 30 años
es cliente habitual de Kimochi y cuenta que “acá la
cuestión es divertida. Puedes ver a “cabros chicos”
de 12 años ganándole a tipos más viejos y a
veces hasta los agarran ‘pa’l tandeo’”
Enrique dice
–mientras sigue matando Zergs en una partida de Starcraft-
que él ha jugado en muchas partes, desde laboratorios de
universidades y en redes instaladas en oficinas de sus amigos, pero
que lejos el mejor lugar es Kimochi. “Lo que pasa es que acá
siempre hay con quien jugar. El nivel es bueno y no hay tipos “flaites”,
además los equipos están impecables” cuenta
el jugador mientras intenta evitar que un desembarco de infantería
entre a su base espacial.
El
futuro
Kimochi Games
promete crecer, y ya se están preparando nuevos locales.
Santiago tiene un plan de franquicias mediante el cual esperan expandir
sus locales en toda la región metropolitana y ojalá
el país. “Nosotros daremos toda la infraestructura
para aquellas personas que quieran instalar un Kimochi. Ayudaremos
con la compra de equipos y entregaremos asesorías de cómo
elegir el local” agrega Huang desde su oficina en Alameda
648.
Pero
los negocios no sólo se centran en los salones de videojuegos,
dentro de los planes de Kimochi, se encuentra realizar un campeonato
latinoamericano de juegos en línea; ser los representantes
para Chile de un importante juego MMRPG; y por si fuera poco, ya
son los representantes de la marca de tarjetas de video Gainward.
Pero
a pesar de todos estos planes, Santiago reconoce que lo más
importante son los jugadores y el juego. “Cuando yo instale
este salón mi interés principal no era ganar plata,
si no más bien crear una cultura de los videojuegos. De esta
manera todos vamos creciendo, los jugadores, los que venden software
y hardware y los que tienen locales.
Esta
es la única manera de crecer, y por cierto, lograr que nuestros
clanes logren ser los mejores de América Latina”, asegura
Huang.
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