Aldo Moyano es un tipo sencillo, amable y alegre. Su historia en
el mundo de la informática comenzó hace 25 años,
cuando vendiendo televisores se dio cuenta de que podía usar
su preparación universitaria para ofrecer productos con mayor
valor agregado y de alta tecnología: los computadores.
Moyano pasó por varias empresas durante los años
80. Su producto estrella de aquella época eran los computadores
de marca, como el mismo lo recuerda, “los primeros equipos
que vendí no eran compatibles, cada marca tenía su
propio sistema operativo y de almacenaje. Ahí mi trabajo
era demostrar que el equipo que yo representaba era lo mejor”.
La computación llegó con fuerza en los años
en que el peso chileno estaba casi a la par con el dólar
y fue de esta manera que muchas compañías extranjeras
se instalaron en Santiago. Fue así como Moyano comenzó
a trabajar para marcas que con el tiempo se quedarían para
siempre. “Después de vender computadores pase un tiempo
en Epson armando el área de venta de impresoras y suministros,
luego pase a Asicom, entre otras, hasta que a principios de los
90 decidí meterme de lleno en Lanix
y armar mi propia empresa”, recuerda Moyano desde su fábrica
de Ñuñoa.
Lanix es una marca de origen mexicano y en ese país tiene
niveles de venta altísimos, compitiendo directamente con
los gigantes mundiales. A partir de esta experiencia Aldo Moyano
decidió traer a Lanix al mercado chileno y a principios de
los 90 importó los primeros equipos desde México.
“Yo partí trabajando en una oficina muy pequeña,
sólo éramos mi secretaria y yo. Luego de cuatro meses
la oficina se expandió y ya teníamos vendedores. Desde
esa fecha nuestra empresa ha crecido casi al 25 % anual, logrando
una capitalización de varios cientos de miles”, explica.
En principio Lanix importaba todos sus computadores armados desde
México, para luego venderlos a empresas y universidades.
“Nuestros principales clientes siguen siendo universidades
y grandes compañías, nunca nos hemos dirigido al usuario
final. Lo que a nosotros nos interesa es dar un buen producto y
soporte, es así como muchos universitarios se titularon usando
equipos Lanix. En los laboratorios de sus casas de estudio e institutos
llegamos a vender más de 1.500 equipos”, señala
Moyano.
El presente
Hoy en día Lanix es una empresa que arma todos sus productos
en Chile, con una certificación de calidad reconocida internacionalmente
(norma ISO 9001 versión 2002). Además, ha recibido
de parte de Intel el reconocimiento que lo nombra como Premier Provider
en nuestro país, lo que significa que la empresa de procesadores
reconoce a Lanix como una fabrica de computadores de nivel mundial
debido a sus sistema de armado y control de calidad.
Para llegar a esto, cuenta Moyano, “lo primero que hicimos
fue enviar a nuestros ingenieros y expertos a México, para
que aprendieran todo el sistema que usan ellos, además de
la elección de las piezas de los equipos y de la capacitación
de los técnicos”. “A partir de esta transferencia
tecnológica, implementamos nuestras líneas de armados
de computadores y decidimos crear nuevos productos como servidores
y notebooks”, continúa el empresario.
Según datos de la propia empresa, su línea de ensamblado
puede llegar a montar 70 PCs de escritorio, 36 notebooks y dos a
cuatro servidores en un día.
“Nuestros precios son sólo un 3% más altos
que comprar un clon y casi un 25 % más baratos que comprar
computadores de marca en las grandes tiendas. La gran diferencia
es que nosotros entregamos un soporte de primer nivel, tenemos stock
de equipos disponibles y tratamos de forma directa con el comprador.
Nuestra atención es cara a cara y en caso de necesitarlo
no hay que hacer grande colas o trámites para que los atendamos”,
explica Moyano.
La línea de montaje de Lanix se preocupa desde armar las
cajas y los envoltorios, hasta probar los equipos durante 24 horas
consecutivas en una sala de quemado –como ellos la llaman-,
donde son revisadas todas las parte esenciales del computador mediante
sensores. Las distintas pruebas se registran y a partir de sus resultados
se entregan informes de calidad.
Pero a pesar del logro que significa ese riguroso control, no se
duermen en los laureles. Actualmente, como cuenta el orgulloso Gerente
General de Lanix Chile, “con la producción de los nuevos
discos de restauración que estamos incluyendo en nuestros
equipos, nos ponemos a la cabeza del mercado chileno”.
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