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El e-book parecía destinado a revolucionar
en pocos años el mundo editorial. Distribuir un libro sería
tan rápido como hacer un clic. Ya no se necesitarían
imprentas, librerías ni papel para llevar el conocimiento
y la literatura a cualquier lugar del planeta. Además,
se podría leer en computadores, PDAs o dispositivos especializados.
Las firmas de software y hardware se lanzaron a crear programas
de edición y dispositivos para este nuevo soporte de conocimiento,
el e-book o libro electrónico, y prácticamente todos
los meses se publicaban algunas noticias sobre su desarrollo.
Pero el fin de la burbuja puntocom terminó por desinflar
las expectativas y demostrar que, por el momento, los lectores
han considerado que el libro tradicional de papel es el soporte
más adecuado. La existencia de diferentes estándares
físicos y de software para la lectura de e-books tampoco
ha ayudado a su popularización entre los consumidores.
Esta realidad se ha podido comprobar en las ferias del libro más
importantes del mundo a lo largo del año que termina. En
la feria LIBER, de España, la FIL de Guadalajara México,
o la feria del libro de Francfort el e-book brilló por
su ausencia.
Las ventas de estas publicaciones nunca despegaron
y muchas editoriales han decidido no continuar con la edición
electrónica
de libros que apenas vendieron pocos miles de ejemplares.
Barnes and Noble,
por ejemplo, dejó de vender
libros electrónicos desde su sitio web, aunque continua
vendiendo audiolibros. Amazon, sin embargo, sigue manteniendo entre
su oferta los ebooks y descargas de documentos profesionales en
formatos desarrollados por Adobe y Microsoft. El gigante del comercio
electrónico incluye, incluso, una
sección de libros
electrónicos gratuitos.
Los optimistas >>
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