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Si bien las Smart Tags son una buena noticia para el comercio,
según algunos defensores de los derechos civiles también
podrían acercarnos a la pesadilla de Orwell en su novela "1984",
al ser instalados y escondidos en ropa, accesorios y piezas de
automóviles, para monitorear nuestras acciones.
La estadounidense Katherine Albrecht, del grupo Consumidores contra
la Invasión de los
Supermercados a la Privacidad, teme que la información provista
por los chips pueda ser incluida en bases de datos, publicada en
Internet o entregada al gobierno.
Por su parte, el Centro de Información de Privacidad Electrónica,
expresó que los chips "crearían un mundo orwelliano
donde las fuerzas de ley y orden, y los minoristas entrometidos,
podrían leer los contenidos de una cartera -quizás
sin el conocimiento de una persona- simplemente instalando lectores
de RFID cerca".
Además, frente a esta posibilidad, Jason Catlett, del grupo
pro derecho a la privacidad Junkbusters, indicó que "si
las compañías (minoristas) dejan encendidos los aparatos,
otras empresas instalarán lectores y las firmas de marketing
rastrearán a personas en áreas de alta densidad".
Según Carlett, de ahí sólo queda un paso
para que esa información llegue a manos de autoridades,
tales como el FBI, que desde hace años han comprado datos
a compañías de marketing. |