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Con la llegada de las etiquetas inteligentes (Smart Tags, en inglés)
muchos auguraron el fin
del código de barras. Era el último grito de la moda
tecnológica para identificar productos, envíos o lo que sea. Sus ventajas:
almacenan gran cantidad de información, son inalámbricos,
se pueden automatizar...
Para entender su funcionamiento, nada mejor que fijarse en su
nombre "técnico": RFID (Radio Frecuency ID) o
Identificación mediante Radio Frecuencia.
En la práctica estos dispositivos funcionan como "una
etiqueta común y corriente que tiene ensamblado un chip
de radio frecuencia", explica Sandra Harriague, Account Manager
Zebra Technologies para América Latina.
Gracias al chip pueden almacenar más información
que los códigos de barra, permitiendo llevar un control
más detallado de los productos.
Según sus impulsores, las etiquetas inteligentes representan
un gran avance para vendedores, proveedores y otros segmentos de
la cadena de distribución de productos. En palabras del
centro de autoidentificación del Instituto Tecnológico
de Massachusetts (MIT): "Coloca una etiqueta -un microchip
con una antena- en una lata de Coca Cola, un par de jeans o un
eje de automóvil, y de inmediato una computadora puede 'verlo'".
"En teoría, esta tecnología puede ser usada
en todos los productos que actualmente utilizan el código
de barras para su identificación", señala Alejandro
Prieto, Gerente General de EAN, el centro de comercio electrónico
de la Cámara de Comercio de Santiago.
¿Cuál es el problema entonces?
Hablan los
expertos >>
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