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En pleno auge de la red, las punto com y el e-mail, hasta el viejito
pascuero recibía encargos por correo electrónico.
No es broma. En esos días existía una página
donde tras llenar un formulario en inglés con preguntas
del tipo: cual es tu nombre, como te has portado y qué te
gustaría de regalo, el mismísimo hombre de rojo te
respondía confirmando que había recibido el pedido.
¿Extraño? Claro que si. ¿Dónde queda
la gracia de la carta al viejito? Y ¿cuál es la idea
de recibir una confirmación si después te van a regalar
un chaleco en vez del juguete supersónico que pediste?.
Esa fue una curiosa iniciativa, que al parecer no fue muy exitosa
y que sirve para graficar que para algunas cosas el e-mail sirve
mucho y para otras...no tanto.
Quizás con sus múltiples ventajas, era difícil
ver las cosas así desde el primer momento. Lo cierto es
que con la arremetida del correo electrónico, muchas empresas
de servicios de correspondencia vieron bajar irremediablemente
sus ganancias a un ritmo vertiginoso. “ Este es un fenómeno
a nivel global y que las empresas han tenido que enfrentar para
no desaparecer” explica Gonzalo Contreras, gerente de procesos
tecnológicos de Correos Chile.
Así es como lo hizo esta institución.
Cuatro años
de vacas flacas >>
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