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Si bien, a Chile aún le falta mucho para llegar a los niveles
de países donde las tasas de transferencia se miden en decenas
de "megas" por segundo, el problema no tiene que ver con una falta
de infraestructura.
Según Baeza-Yates, las redes existen pero no se usan.
"Chile tiene la capacidad de integrar anchos de banda mucho mayores
en el momento que se estime conveniente, porque las redes están
extendidas y construidas. Lo que pasa es que en nuestro país están
subutilizadas por motivos comerciales, debido a que las empresas
no se animan a
promover servicios más sofisticados porque no saben qué tan seguro
pueda ser el mercado", señala.
En todo caso, el panorama puede cambiar,
y de hecho el gobierno está apostando en esta línea. En palabras de
Nicolai, "el Estado cumple un importante rol en la promoción y en
la creación de condiciones para que las cosas pasen, en un ambiente
de competencia con reglas claras".
Y la competencia es sinónimo de
usuarios contentos. Por ejemplo, en estos días la "rivalidad" entre
empresas españolas está produciendo rebajas importantes en el
precio de los servicios de banda ancha en ese país.
Jazztel, una pequeña compañía de
telecomunicaciones, ofrecía un servicio de 256 Kbps a 39 euros,
pero que a partir de junio de este año se transformará en una
solución
de 4 Mbps por el mismo precio. Todo, como una forma de atacar
al plan
"Premium" de 4 Mbps de Telefónica.
Acá en Chile las condiciones están
dadas y hasta la geografía nos acompaña. "Es sumamente sencillo.
Basta con extender una red troncal de norte a sur y el asunto
queda resuelto",
concluye Baeza-Yates. Solo es cosa de ponerse en campaña. |