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¡Vaya que ha sido este un año de huracanes! Imposible no pasmarse ante semejantes fenómenos, cuya furia y rapidez sorprenden al mundo cambiándolo todo a su paso.
Pero mientras los huracanes nos asombran por su poder de destrucción, otra tormenta se cierne sobre la Web haciendo exactamente lo contrario: su nombre es Ajax, término acuñado en febrero de 2005 por el desarrollador Jesse James Garret para denominar una serie de tecnologías conocidas pero que, en conjunto, ofrecen un nuevo potencial incalculable.
Algo les habíamos adelantado en abril de este año, pero ya que estamos aquí vamos a refrescarles la memoria.
Hasta el momento, cuando hablamos de interacción en la Web sólo podemos concebirla de dos formas. Una es el método tradicional que involucra las páginas HTML que leen todos los navegadores, y donde cada acción del usuario – llenar un formulario, hacer una búsqueda, opinar en un foro – debe ser gatillada por un botón "enviar" que envía los datos por Internet, recibe una respuesta y la despliega... una y otra vez.
Si bien este sistema es muy sencillo, liviano y extendido, tiene la gran desventaja de hacer esperar al usuario. Similar a una conversación de walkies-talkies (sí, boqui-toquis), el usuario debe realizar una acción, enviarla y esperar una respuesta del otro lado antes de proseguir. Por otro lado obliga a seguir siempre una misma secuencia de acciones – paso uno, paso dos, paso tres... - y resulta limitado a la hora de construir una interacción más poderosa.
Para subsanar estos problemas, varias compañías ofrecieron soluciones en forma de plugins – pequeñas aplicaciones que se activan al interior del navegador – siendo las más comunes Macromedia Flash y Java, de Sun. Sobre estas plataformas se pueden crear experiencias de usuario muy completas, que se ejecutan sobre cualquier sistema operativo capaz de ejecutar el plugin.
Pero como nada es perfecto, el uso de esta aproximación tiene la desventaja de necesitar un tiempo de aprendizaje mayor para ser programadas, sin contar que al ser tecnologías propietarias se requiere el pago de licencias. Además, las aplicaciones suelen tardar bastante en ser descargadas la primera vez que se abren y pueden colapsar un computador de baja gama (para no decir lento) si son muy complejas.
Entonces... ¿nos hacemos el hara-kiri? No todavía...
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