Supongamos la siguiente situación: inicias un negocio y compras
un PC como centro de operaciones. Independiente de tu rubro, lo primero
que necesitarás son programas de ofimática... porque
claro, hay que llevar las cuentas en una planilla de cálculo,
escribir documentos en un procesador de textos, impresionar a los
clientes con una presentación y hasta seguir el rastro a los
pedidos en una base de datos. Todas funciones que Windows no incluye
por defecto o lo hace a un nivel demasiado básico (¿alguien
dijo Wordpad?).
La opción natural es Microsoft Office. Después de todo, con casi el 95% del mercado, Word, Excel, Powerpoint y Access se han transformado en verdaderos estándares
de facto para las aplicaciones de oficina a nivel mundial, tras dejar
a antiguos rivales como WordPerfect o Lotus casi en el olvido.Pero
a la hora de pagar, puede que el instinto de supervivencia nos subvierta.
Con precios que rondan los 370 dólares por unidad (sobre
200 mil pesos chilenos), la suite de productividad de Microsoft puede
costar tanto como una computadora de baja gama. Y eso, cuando lo
multiplicamos por los equipos de una empresa, repartición pública, hospital, institución
o universidad, se convierte en mucho, mucho dinero...
Entonces, si les contamos de una suite de oficina muy similar a Microsoft Office, en extremo estable, multiplataforma, compatible con archivos de Word, Excel y Powerpoint, sin virus ni brechas de seguridad y que además no cuesta un sólo peso... ¿estarían dispuestos a invertir unas horas probándola? ¿Sí? Entonces, no resta más que presentarles a OpenOffice, una de las mejores - sino la mejor - suite de oficina de código abierto.
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