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Aunque la mayor parte de los adeptos al overclocking lo practican
por hobby, este procedimiento encierra un lado oscuro que ha derivado
en pérdidas millonarias para las empresas fabricantes de procesadores
y otros componentes.
En medio de la explosión de las ventas de PCs en la década
de los 90, se descubrió que algunas tiendas “re-etiquetaban” procesadores
intervenidos a fin de venderlos como equipos más poderosos...
y también más caros. No era raro que los computadores
presentaran un funcionamiento irregular, junto con olor a metal
sobrecalentado y ruidos más allá de lo deseable.
Aunque la baja de precios y la implementación de medidas
de protección ha disminuido el mercado fraudulento a menos
del 1%, su presencia aún es fuerte en naciones asiáticas
como China o Taiwán. Pero... ¿qué sucede
en nuestro país?
Según Christian Vera, Jefe de Servicio Técnico
en Debest Computación, en Chile los proveedores se encargan
de mantener a raya la adulteración de componentes y otros
ilícitos a través de la fiscalización constante
de las empresas “integradoras” o armadoras de PC. “Por
ejemplo, Intel renueva constantemente una licencia gratuita que
garantiza la legitimidad de los productos que se venden bajo
su marca. Tengo entendido que con AMD sucede algo similar”,
declara.
A pesar de ello, Vera asegura que la mejor forma de protegerse
contra estos engaños es adquirir equipos en tiendas de
confianza, que cuenten con el respaldo de los proveedores.
Afortunadamente, tenemos algunas armas adicionales. Si
tienes dudas respecto al funcionamiento y procedencia de tu equipo,
Intel dispone de las utilidades Frequency
ID y Processor
Identification para comprobar que todo se encuentre en
regla. Por su parte, AMD publica en su sitio Web una lista
de distribuidores autorizados
en Latinoamérica y el mundo, aunque lo único malo es
que sólo
es útil previo a la adquisición de la computadora.
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