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Cuando el mundo todavía daba la bienvenida
al nuevo milenio, el Parlamento Europeo se veía enfrentado
a uno de los proyectos de ley más polémicos de su historia.
La propuesta de ley sobre Patentabilidad
de Invenciones Implementadas por Computadora abría la posibilidad de que los países
miembros de la Unión Europea adoptaran una postura mucho más
estricta en torno al software.
Según sus partidarios, las patentes de software son la única
forma de estimular el crecimiento económico de las empresas
gracias a la concesión de licencias, y así cumplir
con la Agenda de Lisboa, que pretende poner al viejo continente a
la cabeza del desarrollo tecnológico mundial para el 2010.
Además, la patentabilidad se percibe como un requisito indispensable
para fomentar la inversión extranjera -principalmente norteamericana
y japonesa -junto con fomentar el desarrollo de la industria local
europea.
Las críticas no se hicieron esperar. El movimiento de código
libre anunció que, contrario a lo esperado, la ley 'pondría
fin a la innovación' y significaría una seria amenaza
para las pequeñas y medianas empresas del continente. Peor
aún, las restricciones terminarían produciendo software
más caro y de menor calidad, siendo el usuario el principal
perjudicado.
¿Quién tiene la razón? Algunos datos arrojan
luz sobre el asunto.
Aunque las patentes sí reportan mayores ingresos a sus propietarios,
también es cierto que el costo de registro es mucho más
oneroso que el derecho de autor debido a los trámites legales
(se requiere de abogados y una búsqueda exhaustiva de patentes
relacionadas). Esto las pondría fuera del alcance de las pequeñas
empresas beneficiando sólo a las que pueden costear un departamento
legal que las administre.
Por otra parte, sus detractores señalan que los criterios
subjetivos en juego al momento de determinar la concesión
o no de una patente, amplían peligrosamente los conceptos
que pueden ser considerados como una 'invención'. Ya no se
habla sólo de productos completos - un programa o un sitio
Web - sino de partes de ellos como las respuestas automatizadas,
la mensajería instantánea, el pago a través
de Internet o hasta un simple doble clic de ratón.
No están exagerando. Todos estos ejemplos ya están
patentados en los Estados Unidos y ahora podrían estar sujetos
a la legislación europea.

Pero el escenario más temido por los críticos al proyecto
de ley es que su aplicación provoque un sistema de 'guerra
fría' comercial similar al que actualmente rige en Estados
Unidos. En él, las patentes se usan como una especie de moneda
de cambio entre las grandes corporaciones a través de acuerdos
denominados como licencias bilaterales (cross licensing), y también
como disuasivos para eventuales competidores. De esta forma, puede
que una empresa no esté realmente interesada en aprovechar
una patente, pero se escude en ella para impedir la entrada de nuevos
actores al mercado.
Hoy en día, existe tanto software -libre y comercial- infringiendo
una o varias patentes de otras empresas (basta ver este
ejemplo)
que sería una locura perseguir responsabilidades en todos
los casos. Sin embargo, las armas se orientarían hacia blancos
escogidos, como hizo Eolas con Microsoft al intentar que ésta
le pagara una compensación billonaria por usar la tecnología
ActiveX; o como algunos temen, Microsoft haría con el sistema
operativo Linux para librarse de su amenaza.
Los casos similares abundan y casi siempre apuntan al código
libre, financieramente incapaz de defenderse.
Desde el frente
de batalla >>
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