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A primera vista no parecen nada especial. Barras de cera coloreadas
que de tener una mecha y una forma más corriente podrían
usarse como velas. Sin embargo, estos bloques son la provisión
de una nueva gama de equipos estrenados hace algunos días
en San Francisco por Anne Mulcahy, cabeza de Xerox y gestora de
una
estrategia que
busca seducir a los clientes corporativos para dejar la monocromía
y entrar a la "era
del color".
El procedimiento parece sencillo: las barras de tinta son apiladas
en línea sobre un depósito, sucediéndose una
tras otra a medida que son consumidas. En el fondo, la máquina
derrite la tinta para dispararla sobre el papel, a una vertiginosa
velocidad de 18 mil gotas por segundo... y por cada uno de los
236 agujeros del cabezal.
Dado que esta tinta oleosa se aglutina sobre el papel en vez de
ser absorbida, el resultado son colores más
nítidos e incluso sensibles al tacto, lo que eventualmente
permitirá incorporar texturas que ayuden a los discapacitados
visuales a percibir mejor las distintas tonalidades. Es más:
Xerox ideó un sistema llamado GlossMark que agrega un segundo
patrón transparente sobre las impresiones, visible sólo
cuando se ladea el papel contra la luz. Una alternativa interesante
para crear sellos de agua que seguro resultará tan popular
en publicistas como en falsificadores.
Es maleable, no tóxica, no mancha e imprime con la misma
prestancia sobre cualquier papel. Sí, la tinta sólida
parece ser una tecnología que dará de qué hablar
en los próximos meses, cuyo desarrollo y producción
dependen de las instalaciones que Xerox posee en Wilsonville, Estados
Unidos, tras la compra de Tektronix en 2002.
Esta tranquila villa industrial cercana a Portland, en el estado
de Oregon, cuenta con un complejo de edificios con misiones muy
distintas, pero a la vez complementarias. Separados por calles
de nombres tan motivadores como 'Color Lane' o 'Printer Parking',
el primero de ellos está consagrado a la investigación
en el campo de las tintas.
Tres pilares de producción >>
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