| Lunes, 10 AM. Mi editor abre una ventana de Messenger
y dispara sin anestesia: "¿Supiste que Adobe compró a
Macromedia?". Chequeo el calendario. No, no es día
de los inocentes, pero la noticia pasaría fácilmente
como tal. ¿Como prever que la dos gigantes del diseño
gráfico y contenidos para la Web planeaban fusionarse en
el más estricto secreto? Era como ver unidos a Apple y Microsoft,
a Pepsi y Coca-Cola, a Juvenal Olmos y Reinaldo Sánchez...
bueno, ya captan la idea.
Apunto el navegador hasta una Internet que hierve en preguntas,
pero de pocas respuestas. Según un escueto comunicado conjunto,
ambas corporaciones cerrarán un trato por más de
$3.400 millones de dólares en acciones, convirtiéndose
en el líder indiscutido del segmento 'creatividad' al conjugar
verdaderos clásicos como Photoshop, Dreamweaver, Flash,
Acrobat, FreeHand, Illustrator o Premier.
Pero con cerca de 40 productos cada una, gran parte de ellos
en competencia directa, esta fusión significará necesariamente
condenas a muerte para algunos programas y la readaptación
forzosa de sus usuarios. De hecho, el CEO de Adobe, Bruce Chizen,
ya anunció que 'Macromedia' como nombre dejará de
existir. "Sería inapropiado tener dos marcas",
aseveró durante una rueda de prensa.
Sigamos indagando. Si la fusión tiene éxito -pues
aún debe ser aprobada por los accionistas y una serie de
regulaciones gubernamentales- se creará un imperio dueño
de los dos formatos más ubicuos del orbe digital: PDF en
el intercambio de documentos y Flash para la entrega de contenidos
Web, que combinados están presentes en el 98.2% de las PC
de escritorio a nivel mundial, contando con un ejército
sobre los 10 millones de desarrolladores.
Convencer a los accionistas de Macromedia no resultará difícil.
Recibirán un 0.69 de Adobe por cada acción, lo que
eleva su valor en un 25%. Los de Adobe pueden ser algo más
reacios, pues la jugada hizo caer en un 12% el valor de compañía,
pero de todas formas serán parte de una empresa que proyecta
obtener -en conjunto- más de $600 millones de dólares
de ganancias. Nada despreciable.
El problema sin embargo no está en los números,
sino en la forma en que dos compañías con culturas
y enfoques diferentes son capaces de combinarse, de la forma menos
traumática posible tanto para sus empleados, como para sus
clientes. Es aquí cuando empiezan las interrogantes.
Amenazados por
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