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En nuestro país, el sistema GPS ha demostrado ser una gran ayuda para muchos profesionales – y entusiastas – que deben realizar actividades al aire libre o donde los mapas no son de mucha ayuda. Uno de ellos es Marcelo Leppe, biólogo y candidato a Doctor en Ciencias Biológicas, quien realiza investigaciones para la Universidad de Concepción en el campo de las plantas fósiles, o paleobotánica.
Según Leppe, "el GPS presta dos grandes servicios. El primero es que nos permite trazar la ruta de nuestros recorridos en lugares donde no hay puntos de referencia, como la cordillera o la Antártica. Dado que los mapas en esas zonas no están muy bien logrados, estos equipos son esenciales para regresar al campamento base".
"La segunda razón es poder determinar con exactitud las zonas en que se encuentran los fósiles, algo que se ha hecho aún más preciso desde que podemos acceder con nuestros dispositivos con la red GPS del Instituto Geográfico Militar", cuenta.
El Teniente Renán Morales, Ingeniero Aeronáutico de la FACH también conoce del uso de estos dispositivos, así como sus restricciones: "Si bien el GPS es de mucha utilidad para los vuelos, no se permite usarlo como sistema primario de navegación debido a que no es totalmente preciso en sentido vertical. Por ello se combinan con instrumentos inerciales – electromecánicos – que hacen más exactas las mediciones".
"Eso sí, ello no impide que sean buenos guías en otros medios de transporte – comenta Morales – Por ejemplo, en Estados Unidos la locomoción colectiva está en permanente contacto con una central mediante conexión a GPS, e incluso es capaz de indicar a los pasajeros la ubicación del vehículo a través de una pantalla".
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