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Nace una estrella (o varias)
¿No es irónico? Tras siglos sirviéndose de las constelaciones para hallar el rumbo, la humanidad terminaría por crear una propia para dar vida al sistema de ubicación más confiable conocido hasta la fecha. El GPS (Global Position System) o Sistema de Posicionamiento Global es una red de 24 satélites – más tres de respaldo – que cubren la Tierra en forma coordinada, prestando servicios desde la década de los 80.
Nacido bajo el alero del Departamento de Defensa de los Estados Unidos, el primero de ellos fue lanzado en 1978, completándose la red recién en 1994. Con un peso promedio de 1.500 kilos y un largo que supera los cinco metros, estos satélites describen dos órbitas diarias a la increíble velocidad de once mil kilómetros por hora. De esta forma, cada rincón del planeta es observado por al menos cuatro aparatos en todo momento.
Sí, el sistema es a toda prueba: alimentados por paneles de energía solar, cada nave cuenta con baterías de respaldo en caso de eclipses. Además, sus movimientos son cuidadosamente monitoreados por la Defensa estadounidense, corrigiendo cualquier desfase mediante pequeños impulsores cohete.
Con una autonomía de diez años, al terminar su vida útil son reemplazados por un nuevo integrante, y lo mejor de todo: no hay costo de suscripción ni tarifas por acceder al sistema. Sólo el que se paga por adquirir el dispositivo.
Pero, ¿cómo un puñado de satélites logran indicar con una exactitud de hasta 15 metros la posición de una persona sobre la Tierra? Gracias a un cálculo matemático llamado triangulación.
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