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Seamos honestos: en Chile – y Latinoamérica en general – no solemos ser muy estrictos respecto a la forma en que utilizamos material protegido. En especial desde la llegada de Internet, nos hemos acostumbrado a tomar textos, imágenes, sonidos y videos con total indiferencia hacia sus autores, usándolos a destajo.
Puede que esta situación no tenga mayores repercusiones en los trabajos para el colegio o la Universidad, pero cuando hablamos de creatividad en serio, hacer la vista gorda puede acarrearnos muchos problemas, incluso de índole económica o legal.
Afortunadamente, esa situación pronto podría cambiar... en beneficio de todos. El viernes recién pasado se celebró en el Museo de Arte Contemporáneo de Santiago el lanzamiento de Creative Commons en Chile, una iniciativa internacional sin fines de lucro respaldada por la Universidad de Chile y la Corporación Derechos Digitales, que pretende fomentar la difusión y colaboración creativa de millones de personas en el mundo.
Concebida en la facultad de Derecho de la Universidad de Stanford y en especial gracias al profesor Lawrence Lessig – quien estuvo presente para la ceremonia – Creative Commons (CC) ya está presente en más de veinte países y sobre diez millones de contenidos digitales, incluyendo libros, música, fotografías, audio, video, revistas... sólo para comenzar.
Con la incorporación de Chile, nuestro país se transformó en el segundo miembro latinoamericano de esta iniciativa después de Brasil, y al que pronto seguirán Argentina y México. Como ven, hablamos de una verdadera revolución, sin empanadas ni vino tinto o camisetas del Ché, pero sí con pequeños báneres adornados de las letras "CC".
¿Pero qué es Creative Commons? Para comprenderlo debemos entender el único panorama que estaba disponible antes de su llegada: el copyright.
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