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La semana pasada les contábamos sobre la Biblioteca Central para Ciegos y la labor de Rotary Blind, dos esfuerzos notables de instituciones chilenas por integrar a los no videntes en el mundo de la computación. Sin embargo, pocos saben que hace más de una década, un equipo de desarrolladores del Departamento de Ciencias de la Computación (DCC) de la Universidad de Chile trabaja en aplicaciones que permitan mejorar el aprendizaje y desplazamiento de los niños ciegos.
La tarea comenzó a principios de los 90, cuando el profesor Jaime Sánchez decidió que sus proyectos de software educativo podían beneficiar a menores con discapacidad, para quienes las opciones en este campo resultan en extremo limitadas.
Aceptándolo como un desafío, su equipo se dedicó a desarrollar verdaderos mundos virtuales interactivos que se expresaban a través del audio digital – capacidad totalmente nueva para los computadores de la época – cuya operación ayudara a los niños a resolver problemas, ejercitar su memoria, capacidad de localización y otras áreas cognitivas.
"Hay que pensar que los discapacitados visuales no piensan en la misma forma que una persona vidente", explica el profesor Sánchez. "Nuestros esfuerzos van orientados a que los niños desarrollen su capacidad de ser autónomos resolviendo los obstáculos que pueden encontrar, algo que generalmente confían a las personas de las que dependen".
Es más, muchos de los programas son utilizados en forma colaborativa, dando al equipo la posibilidad de estudiar el trabajo mancomunado de personas ciegas y aprender de sus particularidades. "En el fondo, lo que hace nuestro trabajo es demostrar que los ciegos también pueden aprender con el audio, constituyéndose en una poderosa herramienta para otorgar significado a sus experiencias", afirma el profesor Sánchez.

La labor de los investigadores – financiada con fondos de la Universidad, el Conicyt e incluso el Banco Mundial – ya ha sido aplicada en Chile, Argentina, Paraguay, Colombia y Costa Rica, entre otros países, siendo reconocida internacionalmente por un sinnúmero de premios y publicaciones.
"De hecho, el Banco Mundial pretende implementar algunas de nuestras experiencias en África, como una forma de ayudar al crecimiento de los niños en las zonas más pobres del mundo", explica Sánchez con orgullo.
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