Así es. Cuando nos dijeron que había algo mejor que el casete a comienzos de los 90, todos alzamos expectantes la cabeza para maravillarnos con el sonido prístino de los CD. Eso fue apenas suficiente para abrirnos el apetito digital, cuyo plato de fondo llegó en 1997 cuando el DVD relevó a un cada vez más oxidado VHS y su limpieza de cabezales (oh, sí... aún siento el olor a alcohol en las manos). A partir de entonces, llevar al Digital Versatile Disc desde el living de la casa a la computadora y los reproductores portátiles fue un mero trámite.
Y cuando aún no acabamos de comprar todas las temporadas de "Friends", la tecnología una vez más nos llama a abrazar un nuevo formato. Es que se avanza a pasos agigantados y los poco más de 9 GB que un DVD es capaz de almacenar se quedan cortos para el naciente estándar en televisión digital HDTV y sus despampanantes 1080 líneas de definición (nótese que actualmente tenemos 525).
Pero ungir al elegido ha tenido un pequeño problema: que la industria aún no se pone de acuerdo... y al parecer tampoco va a hacerlo.
Dos tecnologías con una misma raíz – el láser azul – y compatibles con los formatos anteriores pero totalmente incompatibles entre sí se disputan el derecho a llevar las aventuras de Lassie hasta tu pantalla. Ambas con sus pros, sus contras y buen grupo de empresas que las apoyan a ultranza. Saben que necesitan un estándar, pero ninguna parte está dispuesta a cejar sus intereses.
Ambas, como en el viejo chiste de chilenos y argentinos, "sólo quieren lograr la paz y la hermandad uniendo las dos naciones en un solo país".
Claro, y para no pelear... le ponemos Chile.
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