A pesar de que las obras de Mezza están ubicadas en un
nivel distinto
a la tradición pictórica, el artista asegura que se trata de una
técnica necesaria. "Para hablar de pinturas digitales o ciberpinturas
tengo que saber pintar y yo vengo de ese campo. Soy un espejo de lo que
está aconteciendo, me ha tocado un tránsito de un siglo a otro”,
explica.
Y ha sabido mutar, porque Mezza no agota
su imaginario, ya que tras cada descubrimiento, desencadena nuevos
espacios
y búsquedas. En 1996 ya exploraba
la conectividad y la interacción en la
instalación
MAR.CO.SUR presentada
en la "23ª Bienal de Sao Paulo". En dicha oportunidad utilizó computadores
que transmitían
por internet las imágenes creadas en el estudio del artista en Chile.
El
público
también podía interactuar con las imágenes: modificar los
colores, cambiar las formas y escribir textos a través de e-mail.
En cuanto a la permanencia de sus trabajos, que por su naturaleza
digital muchas veces son intangibles, Mezza afirma que algunos los ha llevado
a una materialidad distinta a los ceros y unos. “Mi trayectoria nunca
fue la del pintor que cuelga una obra para
ser vendida en una galería”, explica, agregando que unas
cuantas
las
guarda como muestra para poder explicar su trayectoria y discurso.

“Gonzalo Mezza en Galería Animal (2001). Fotografía: Manuel
Kojchen”.
A Mezza no le preocupa que su obra viaje a través de Internet, que es
una manera de democratizar el acceso al arte, que al trasformarse en ceros y
unos puede ser visto simultáneamente por miles de personas en la red.
Para él la pieza única es una forma de egoísmo “que
le encanta a los coleccionistas, cuando eso es sólo una huella que uno
deja”.
Hace algunos años que Mezza vive en Brasil, pero estará en
Chile un par de meses porque vino a concretar un nuevo proyecto: un mural multimedia
para el edificio del Ministerio de Educación que será inaugurado
el 23 de noviembre. Y no es la primera vez que se apropiará de un espacio
público: en 1994 realizó una instalación láser
nocturna
proyectada
sobre el frontis del Palacio de la Moneda,
que vistió al edificio con colores e imágenes.
La tecnología es la elección de Mezza, con ella
las opciones de
crear se multiplican: “Matta usó computadoras y quedó fascinado
con eso, ya que él siempre habló de que la pintura era un límite.
Yo trato de entenderlo así. ¡Imagina las posibilidades maravillosas que
existen de poder expresarse digitalmente!”.
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