Según la Wikipedia, un rootkit es un "conjunto de herramientas usadas frecuentemente por los intrusos o crackers que consiguen acceder ilícitamente a un sistema informático. Estas herramientas sirven para esconder los procesos y archivos que permiten al intruso mantener el acceso al sistema, a menudo con fines maliciosos". No es difícil comprender entonces que su uso no resulte muy bienvenido por los usuarios.
De hecho, las mayores críticas planteadas a Sony-BMG por la inclusión del 'rootkit' – también conocido como XCP – giran en torno a las brechas de seguridad que éste habría dejado en los equipos. Claro: si para ocultar los archivos creas un bolsillo indetectable, todo lo que guardes en ellos será indetectable también... una tentación demasiado grande para los creadores de virus y spyware como para dejarla pasar.
Finalmente, tras la presión de varios organismos, medios especializados y la amenaza de una que otra acción legal, la empresa decidió echar pie atrás y retirar del mercado los casi dos millones de CDs con XCP que aún se encontraban a la venta. Además, ofreció a los compradores cambiar sus copias por discos sin protección, más otro adicional con las canciones en formato MP3.
Pero esta pequeña victoria está muy lejos de lograr un cambio en las políticas de protección de derechos que aplican las discográficas. De hecho, la misma Sony-BMG admitió en su último comunicado que seguirá trabajando en nuevos mecanismos anticopia, claro, en tanto sean "amistosos y seguros para el usuario".
Independiente que se trate de un sistema que impida la grabación de CDs u otro para controlar la reproducción de un archivo de audio, estas técnicas se enmarcan dentro de un concepto conocido como Administración de Derechos Digitales o DRM, por sus siglas en inglés. Y aún cuando los sistemas anticopia existen desde los primeros computadores Apple o incluso para las cintas de VHS, fue la Digital Millenium Copyright Act aprobada por el congreso estadounidense en 1988 la que dio el empuje legal necesario para que los fabricantes comenzaran a implementar barreras de protección cada vez más complejas.
Un buen ejemplo de ello es el sistema de DRM usado por los archivos de audio y video de Microsoft. En él, los usuarios son libres de descargar o distribuir los archivos inclusive mediante redes P2P – como Kazaa, BitTorrent o eMule – pero al momento de reproducirlos estos deben conectarse a los servidores de Microsoft en Estados Unidos para comprobar la adquisición de una licencia. De no tenerla se podrá activar usando un PIN (número identificatorio) o el sistema impedirá la reproducción.
Asimismo, el DRM es capaz de restringir si los archivos pueden ser grabados en un CD, copiados en un dispositivo portátil o funcionar en un número limitado de computadores. En Chile, la tienda en línea de la Feria del Disco utiliza esta tecnología de Microsoft, que resulta similar a la utilizada por Apple con su popular iTunes.
Desde luego no todos los sectores se sienten cómodos con que las empresas monitoreen tan de cerca el uso dado a un bien que entienden comprado por ellos. Agrupaciones como la Electronic Frontier Foundation han alertado en numerosas ocasiones sobre los posibles riesgos que estos sistemas implican para la privacidad de los usuarios, así como para sus derechos como consumidores.
Mientras, la Unión Europea se ha manifestado mayoritariamente en contra de los DRM y es probable que en un futuro próximo prohíba totalmente su uso, basado en una concepción distinta de los derechos de autor. Tendremos que ver cuál modelo es el que prevalece.
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