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Tras volver las cosas a la normalidad, esa misma tarde el teclado
dejó de funcionar en forma inexplicable. Luego falló el
disco duro y poco después, la tarjeta de video. Cuando
le conté lo sucedido al técnico, recuerdo que
el hombre hizo un gesto de reprobación y sentenció que
probablemente la electricidad había rebotado sobre los
circuitos, condenándolos a una lenta agonía.
En efecto, durante el resto de la semana me tocó viajar
varias veces a la tienda a medida que las piezas se quemaban.
Si mal no recuerdo, sólo sobrevivió la tarjeta de
sonido y de paso quedé castigado durante un mes.
Esta anécdota fruto de mi negligencia (y mi propia estupidez),
ilustra a la perfección las consecuencias que una descarga
eléctrica accidental puede tener sobre nuestra computadora.
Componentes que dejan de funcionar, reinicios del sistema e incluso
daños totales pueden seguir a una fallida manipulación
de las leyes físicas y por sobre todo a una de sus hijas
más traviesas: la corriente estática.
Un poco de ciencias... >> |