Lo primero, y más sencillo, es crear distintos usuarios
para cada miembro de la familia. Así quien administre las
cuentas, será quien administre también las capacidades
de cada una de ellas, donde sólo algunos podrán instalar
programas y realizar cambios mayores al sistema.
Para configurar distintos usuarios en XP, basta con hacer clic
en el botón de "Inicio", abrir el panel de control
y seleccionar "Cuentas de Usuarios". Para inventar una
hay que seleccionar "Crear una nueva cuenta", luego crear
un nombre y seleccionar el tipo de cuenta. Hay dos alternativas:
la de administrador (puede crear, modificar y eliminar cuentas;
realizar cambios en todo el sistema e instalar programas y tener
acceso a todos los archivos) o la limitada (puede cambiar o quitar
sus contraseñas, cambiar las configuraciones de su escritorio,
ver archivos creados y ver archivos en las carpetas de documentos
compartidos).
A una cuenta "limitada" no SIEMPRE se le permite instalar
programas, pues para algunos casos se requiere privilegio de administrador.
Además cada usuario podrá configurar el escritorio
con su propio estilo, escogiendo colores y temas.
Esta estrategia puede ahorrar algunos dolores de cabeza, pero
claramente no es suficiente.
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