Dicen que a todo le llega su hora y mi querida Palm m105 no fue la excepción. Una tarde de marzo se negó a sincronizar con el PC y, dado que la demencia senil le impedía retener datos tras su obligado cambio de baterías, no pude seguirla usando. ¿Reparable? Quizá, pero cumplidos casi cinco años de servicio incondicional pensé que era el momento de permitirle descansar y buscar un sucesor a su altura.
Evaluados los pro y los contras de cada plataforma y modelo, obtuve el gentil auspicio de mi santo padre (no el del Vaticano, por cierto) para llevarme a casa el adalid de la línea profesional de Palm: la TX. No era una apuesta trivial pues, descontando al gerente móvil LifeDrive, se trata de la PDA en producción más cara de la firma, con un precio que ronda los 250 mil pesos chilenos.
Es que tal como aparece descrito en su caja, el currículum de la TX es impresionante. Hablamos de un dispositivo ultraligero, con pantalla a color de 320x480 pixeles, procesador Intel de 312 Mhz, 128 MB de memoria, expansión mediante tarjetas SD, clavija para audífonos y parlante incorporado, batería recargable de Litio-Ion sazonado con conectividad inalámbrica mediante puerto infrarrojo, Bluetooth y el tan de moda Wi-Fi.
Pero claro, el papel aguanta todo. ¿Sería tan eficientes bajo la rutina diaria? ¿Cuán capaz de complementar – o incluso reemplazar – a mi viejo notebook sería la TX? Es lo que traté de comprobar durante las dos semanas siguientes... y ahora con ustedes, el veredicto final.
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