Cuando escuché el término "virtualización" por
primera vez, creí que se trataba de alguna nueva especie
de droga... o al menos eso era lo único que podía
deducir de la expresión de éxtasis con que mis amigos
ingenieros hablaban de ella. Semanas después, la apasionada
sentencia de una revista informática confirmó mis
temores: "no se puede comprender la virtualización
sino hasta que la has probado".
Y bueno, dado que Don Graf es el perro del diario de la competencia... qué más da darle una probadita.
Para mi desilusión tranquilidad, no se trataba de una adicción alucinógena, sino de algo mucho peor.
Miren. Primero imaginen poder ejecutar cualquier aplicación en existencia, para cualquier sistema operativo, en cualquier versión. Okey, ¿un procesador de textos para Linux? Aquí está. ¿Que lo prefieres en Windows 2000? Acá. ¿Una planilla de cálculos para Solaris? Listo. ¿Y una partida de aquel viejo juego para Windows 3.1? Ya captan la idea.
Hasta la fecha, la forma más común de lograr este objetivo era dividir en forma virtual el disco duro en espacios llamados "particiones" e instalar sobre cada una de ellas un sistema operativo (SO) con sus respectivos programas.
Por desgracia, esta modalidad tiene varias desventajas: tu computadora no siempre soportará el SO que necesitas; de hacerlo, te espera una tortuosa etapa de configuraciones (en especial con los más antiguos); deberás reiniciar la PC cada vez que quieras cambiar de SO y, como si fuera poco, nada te garantiza que uno de los sistemas instalados no afectará el funcionamiento de otro.
Toda una loca aventura... como dice mi coterráneo Sergio "Ritalín" Lagos.
Ahora, vuelve a imaginar tener cada SO y aplicación en existencia, pero corriendo al mismo tiempo sobre tu propio sistema operativo. No sólo eso: imagina instalarlos casi sin necesidad de configurar nada; trocarlos con sólo un clic; suspender sesiones para retomarlas cuando lo desees, justo donde las dejaste; eliminarlos en un santiamén y lo mejor de todo, en forma absolutamente segura para el resto de tus datos.
Ahora deja de imaginar. Bienvenido a la era de la virtualización.
(Duh... ya había usado ese gancho en otro artículo antes, ¿no?)
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