En nuestro país el geocaching comienza a conquistar
nuevos adeptos, entre otros factores, gracias a una disminución del
precio de los equipos GPS que ha favorecido el aumento de su popularidad.
¿Pero cuál es el verdadero atractivo de este deporte? Para Álvaro
Acevedo (team
Queulat) , ingeniero civil de industrias, se trata de una aventura
familiar, ya que en estos paseos es acompañado por su señora y sus
dos hijos de ocho y cuatro años. Acevedo cuenta que hay que tener
paciencia, ya que hay caches con más dificultad que otros y un hallazgo
puede demorar incluso un año de intensa búsqueda.
Su
experiencia personal dice que tiene éxito en dos de tres intentos
y hasta la fecha ha hallado 24 tesoros y escondido 13. La primera
pesquisa que realizó fue en el Santuario de la Naturaleza con sus
dos hijos que en ese entonces tenían cinco y un año (quien iba
en una mochila). "Por inexperto y sólo mirando el GPS subí derecho
por una ladera empinada, que no era complicada para mi, pero
supongo
que para los cinco años de mi hijo era muy pesada. En un momento,
el angelito que nunca había dicho un garabato y se iba quedando
atrás me grita: '¡Para puh ahuevonado!'. No pude retarlo porque
me dio ataque de risa y me hizo darme cuenta de que era mucho
esfuerzo
para ellos, así es que busqué un sendero y dimos con el cache",
relata.
Existen distintos tipos de caches: el tradicional
donde las coordenadas exactas están dadas en un página web; el multi-escondite
donde el primer lugar da pistas para hallar el siguiente escondite
y así sucesivamente hasta dar con el tesoro y por último están los
escondites virtuales donde se busca un lugar, un monumento o una
estatua y no un tesoro. En este caso el cazador debe responder una
pregunta en la página web donde fue publicado el cache, para demostrar
que dio con el lugar.
Hay trayectos que no implican una gran dificultad, como suaves
caminatas, pero otros puede requerir del uso de un kayak o de conocimientos
de montañismo o buceo. Pero siempre lo más importante es disfrutar
de la naturaleza.
Pablo Moreno cuenta que el segundo cache que encontró,
junto a su equipo, estaba ubicado en Cerro Moreno, a varios kilómetros
de Antofagasta. La travesía la comenzaron en la tarde y cuando
dieron con el tesoro ya había caído la noche: "Luego de descansar
y gozar del maravilloso paisaje y las estrellas empezamos el retorno.
Pero llevábamos sólo
una linterna y el camino era muy escarpado. Fue muy emocionante
y un tanto peligroso, pero increíblemente desafiante. La adrenalina,
la inteligencia y la fuerza de voluntad son de gran ayuda en
este
deporte", relata.
Y hay cache para todos los gustos, de hecho no es necesario alejarse
de Santiago para emprender una caza del tesoro. Por ejemplo Manuel
José Cerda del centro GPS
Ltda. encontró uno en el cerro San Cristóbal donde fue con sus
hijos de 6 y 8 años, pero también ha realizado descubrimientos en
el Lago General Carrera y en Aysén.
Aventura
Aconcagua, una organización chilena de deportes al aire libre,
constantemente esconde caches en las zonas de San Felipe, Los Andes,
Río Blanco y Río Colorado. Para ir a la búsqueda de ellos hay que
ingresar a la página y descargar la información. Además han organizado
una competencia de geocaching que cuenta con nueve fechas. La primera
tuvo lugar el 11 de marzo, pero aún hay posibilidades de inscribirse
enviando un mail a info@aventuraaconcagua.cl o un fax con los datos
solicitados en la ficha de inscripción al (34)530304.
Otro sitio donde se puede encontrar información sobre caches disponibles
en Chile es esta
página, previo registro.
Uno de los principios básicos del geocaching es el respeto por
el entorno y por lo tanto hay que tratar de intervenir lo menos
posible en él y ojalá recoger la basura que se encuentre en el camino.
Como recomendación, a parte del GPS, es bueno llevar zapatillas
cómodas, agua, un mapa del lugar y una linterna. Además de avisarle
a alguien a dónde se va a ir y cuándo se espera regresar. Claro,
con esto de las aventuras, nunca se sabe.
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