Ponte en el lugar del villano de una película de espías: te diriges a un centro médico a realizarte unos exámenes de sangre que te permitirán determinar cuánto antídoto necesitas inyectarte, para no contagiarte con el arma súper poderosa que acabas de inventar.
Pero llegas allá y enfrentarás la primera barrera de esta aventura: comprar un bono suplantando la identidad de algún individuo. El problema está en que hoy en día, la mayoría de los centros asistenciales funciona leyendo la huella digital del usuario ¿cómo falsificarás un dedo entonces?.
Se trata de la biometría que usa lo que tú eres para identificarte, en vez de utilizar algo que tú tengas como una llave o algo que tú recuerdes como un password. Una de las diferencias –y ventajas- es que tu huella dactilar o tu voz no se te pueden perder, como sí pasa con las llaves y tampoco las puedes olvidar como ocurre con las claves.
Y para los ladrones es mucho más difícil suplantar a una persona que robarse el número de tu tarjeta de crédito: “Es una técnica segura, asociada al individuo que permite determinar o confirmar, con un altísimo grado de exactitud, la identidad de la persona”, explica Francisco Guzmán, director de Unisys para Latinoamérica.
Hoy en día tu rostro, tu iris, tus huellas dactilares, la geografía palmar e incluso tus venas pueden ser utilizados para identificarte. Pero la biometría también puede usar las características de tu comportamiento para reconocerte, como por ejemplo tu tono de voz o el ritmo con el que escribes.
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