Si la curiosidad infantil les llevó alguna vez a abrir una pila para saber qué había dentro, probablemente habrán
tenido una experiencia poco placentera e incluso poco saludable.
Puesto en términos que le provocarían hipertensión a un físico, una batería es un contenedor donde una reacción química permite generar electrones, los cuales fluyen desde un polo (cátodo) en oxidación que los libera, hasta otro inmerso en un compuesto (ánodo) que los captura.

Como supondrán, estos polos corresponden a los extremos positivo y negativo de una pila, que al unirse forman un circuito capaz de energizar desde linternas hasta computadores personales. Sí, también podrían conectarse directamente a través de un cable, pero no traten de comprobarlo pues el exacerbado flujo de electrones la sobrecalentaría.
Ahora, una batería desechable AA común y corriente suele estar compuesta por una barra de zinc y otra de carbono unidas mediante una pasta ácida (de ahí lo desagradable de averiguarlo de primera mano). Las alcalinas, de mejor calidad y mayor duración, usan zinc y óxido de manganeso, inmersas en una solución alcalina.

En ambos casos, al consumirse los componentes que producen esta reacción la pila queda agotada y es necesario reemplazarla, mientras que las baterías recargables pueden seguir funcionando gracias a su principal característica: la capacidad de revertir el proceso mediante electrones que son "bombeados" desde un cargador.
Y aquí es donde quería llegar, pues nos permite conocer las tres principales baterías recargables existentes en el mercado y sus particularidades.
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