Aunque antes pudieron producirse incidentes aislados, fue durante
2001 que la atención internacional se centró en Dell y la recolección preventiva de 284 mil baterías vendidas para sus portátiles Inspiron. Para entonces sólo Apple había roto una marca similar cuando debió retirar 570 mil adaptadores de poder para su línea PowerBook G3 ese mismo año, mientras que en 2002 Compaq batiría todos los récords
al recoger sobre 4.4 millones de adaptadores vendidos desde 1998,
tras registrarse siete incidentes de recalentamiento sin mayores
consecuencias.
El tema pudo quedar en la anécdota, hasta que en 2003 la revolución de los teléfonos móviles provocó sus primeras víctimas en los Países Bajos, cuando dos personas sufrieron quemaduras de consideración al estallar entre sus ropas, sin razón aparente. Nokia, fabricante de los aparatos, se defendió argumentando que ambos equipos usaban baterías no autorizadas.
Luego fue cuestión de tiempo para que los casos comenzaran
a trasladarse a nuestro continente. Durante 2004, cerca de una
docena de personas en los Estados Unidos sufrieron heridas severas
debido a teléfonos celulares explosivos. Ese mismo año
Nokia anunciaba la confiscación de 5 millones de baterías
falsificadas, mientras que otro fabricante, Kyocera, debía
lidiar con un distribuidor cuya negligencia puso un millón
de baterías defectuosas en el mercado norteamericano a pesar
de estar bajo advertencia.
El 2004 tampoco fue un buen año en el terreno de la computación: en agosto, Apple tuvo que retirar 28 mil baterías fabricadas por LG Chem que provocaron seis casos de sobrecalentamiento, repitiendo el trance en mayo de 2005 cuando 128 mil baterías para equipos PowerBook G4 e iBook G4 evidenciaron los mismos problemas.
Sus competidores no pudieron reir de la desgracia ajena. Ese mismo octubre, HP recolectó 135 mil baterías, mientras que diciembre sorprendió a Dell haciendo un llamado a sus clientes en los Estados Unidos para regresar 35 mil baterías de notebooks, luego de producirse tres incidentes menores. Ni siquiera la fabricante de cámaras digitales Nikon quedó excluida, cuando en noviembre retiró del mercado en forma preventiva 710 mil baterías por el riesgo de incendio que entrañaban.
Lo que va de 2006 tampoco es prometedor. Hace menos de una semana, HP tuvo que comenzar a recuperar 16 mil baterías de notebooks luego de registrarse inflamaciones con daños en los Estados Unidos. Apenas unos días antes, Disney empezó la misma labor al detectar riesgo de incendio en las baterías de 102 mil de sus flamantes reproductores portátiles de DVD.

Pero aún cuando estos números resultan intimidantes, es tal la cantidad de equipos electrónicos comercializados cada año a nivel mundial que el procentaje de fallos no ha provocado alarma en la industria, más allá de la detección de los dos factores principales que conllevan riesgo para los usuarios: la falsificación de baterías y su transporte descuidado por parte de los usuarios.
Esto, porque a medida que las baterías de Li-Ion van mejorando
y copando el mercado, los falsificadores son menos proclives a
implementar los mecanismos de seguridad que requieren estos equipos,
como conductos de ventilación o interruptores para incapacitar
las baterías en caso de sobrecarga. Cuando no están
correctamente habilitados, la temperatura dentro de una pila Li-Ion
asciende rápidamente, provocando una presión que
acabará por reventar el dispositivo.
Aunque la industria realiza esfuerzos para combatir este problema, dar con los responsables puede resultar una labor compleja. Durante 2004, LG intentó sin éxito identificar a un fabricante chino cuya baterías falsificadas provocaron incendios y daños en 18 teléfonos de su marca, debiendo conformarse con demandar a los dos distribuidores estadounidenses que las llevaron al país.
Nokia, por su parte, ha abordado con mucha seriedad el combate a la piratería, incluyendo desde fines de 2004 en todos sus dispositivos un holograma y un código raspable que permite verificar la autenticidad de una batería en el sitio Web de la empresa.
Texas Instruments fue un poco más lejos al comercializar a mediados de 2005 un circuito especial que permite a los dispositivos electrónicos detectar si una batería es original o ha sido autorizada por el fabricante o, de otro modo, negarse a funcionar.
Sin embargo, cabe preguntarse cuántas de estas medidas
buscan realmente el resguardo de los consumidores o sólo incrementar
sus ventas excluyendo las baterías "alternativas".
Poco, en opinión del analista de Santa Clara Consulting
Group, Joel Tax: "Vender accesorios (como cargadores o baterías)
no ha sido hasta el momento una gran fuente de ingresos para Nokia,
por lo que podríamos suponer que están tratando el
tema muy de buena fe", explicó a Cnet News.
Bienvenidas sean entonces.
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