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Miércoles 30 de septiembre de 2009
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Reportaje:
Titanics Tecnológicos (Parte II)
La semana pasada, revisamos algunos de los fallos comerciales más espectaculares en la industria del almacenaje y del entretenimiento. Hoy daremos fin a esta serie recordando a insignes traspiés tecnológicos de gigantes como Apple, Intel o Microsoft, otros que incluso significaron la muerte de sus filiales y una sorpresa inédita... la historia de un fracaso aún antes de ver la luz.

Por Christian Leal
10 de mayo de 2006

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* Bonus Tracks: Lectores

Passport Network

Cuando pensamos en Windows, Office, Internet Explorer, Messenger, Hotmail o la saga de Age of Empires, resulta difícil imaginar un área en que las conquistas de Redmond no hayan tenido un éxito rotundo. Claro, puede que Linux sea una piedra en el zapato, que IIS aún pelee con Apache por dominar los servidores Web o que MSN Search no destrone a Google, pero es nada que un poco de constancia, marketing y arreglos extra judiciales puedan resolver, ¿no?

Bueno... salvo en dos casos.

En 1998, Microsoft adquirió Firefly Network y usó su tecnología para lanzar un revolucionario concepto de "billetera digital" (e-Wallet) que potenciaría el comercio electrónico, mejorando la seguridad en las transacciones y acabando con la necesidad de los usuarios de comer pasas.

El concepto era simple: los sitios se unían a la red de Microsoft – por módicos 10 mil dólares al año – y los visitantes se podrían identificar usando la misma identidad y contraseña. Y para evitar fraudes, la gigante exigiría una certificación bajo las normas de TRUSTe y la Better Business Bureau Online (BBB). ¿El nombre de semejante maravilla? Passport Network.

Pero las cosas no salieron para Tío Bill exactamente como había planeado. Lejos de verse seducidos por la simplicidad, los usuarios fueron reacios a confiar sus direcciones, números de tarjeta de crédito y cuentas bancarias a una sola empresa (aún cuando los analistas coinciden en que es más riesgoso desperdigarlos). Estos temores cobraron mayor validez cuando la Electronic Frontier Foundation (EFF) denunció que Microsoft tenía – potencialmente – el derecho de acceder o utilizar los datos de sus usuarios. La firma se vio obligada a actualizar sus políticas de privacidad para evitar un escándalo.

A las empresas tampoco les gustó mucho el sistema. Si ya era desagradable que administraran la información de tus clientes – y te cobraran por ello – algunos directivos percibieron a Passport como un intento de Microsoft por controlar el naciente comercio electrónico. Por ello, en vez de los miles de asociados que esperaba Passport, hacia septiembre de 2001 apenas habían 75 usando el servicio.

El golpe de gracia llegó exactamente en la misma fecha cuando su eterno aguafiestas, Sun Microsystems, fundó junto a otras empresas la Liberty Alliance. En ella, los subsidiarios forjaron un estándar abierto para unificar el proceso de identificación pero manteniendo su independencia. Con socios como Intel, Hewlett-Packard, Nokia, Novell, IBM, VeriSign y America Online, la plataforma no tardó en popularizarse, contando 160 socios en su desarrollo para 2003.

¿Y qué pasó con Passport? Tras sortear varios fallos técnicos y de seguridad que le dieron mala fama, Microsoft intentó recuperar terreno flexibilizando sus condiciones – como ocuparse únicamente de validar los usuarios en vez de almacenar sus datos – pero aún así las empresas no se interesaron. Porque claro, ¿cuándo fue la última vez que elegiste una tienda en línea porque su proceso de registro era sencillo?

Cuando en diciembre de 2004 el último de sus grandes socios, eBay, abandonó el sistema, dejó libre el paso para que Microsoft aplicara Passport sólo a sus productos y comenzara a reestructurarlo como Windows Live ID, un nuevo servicio de identificación que será lanzado este año.

Microsoft BOB

Bob... pobre Bob... ¿cómo podemos hablar de él sin aparentar burlarnos?

Corría 1995 cuando Microsoft lanzó una nueva interfaz que apuntaba a reemplazar el escritorio de Windows 3.1 por otro más... eh... sencillo, dirigido a los usuarios que no estaban familiarizados con un PC. En él, las aplicaciones estaban representadas por las habitaciones caricaturizadas de una casa, mientras un guía animado te daba instrucciones y hacía chistes.

Digamos que la idea era buena: ofrecer a la gente un entorno amigable e intuitivo, con el que pudieran 'dialogar' e identificarse de inmediato. Sin embargo, Bob falló miserablemente debido a cinco razones principales:

  • Requería equipo de punta... esto es, un 486 con 8 MB de RAM, 30 MB de espacio en disco y pantalla de 256 colores. ¿Quién podría costear eso, caramba?
  • Sí, era simple. Sí, era gracioso... ¿pero por 100 dólares? De ninguna manera.
  • Era lindo... diabéticamente lindo.
  • Para entonces, los usuarios que querían simpleza compraban un Macintosh (bueno, hasta hoy).
  • Apenas unos meses después salió al mercado Windows 95. El resto fue historia (literalmente)

Pero a pesar de que en Microsoft aún utilizan las cajas de Bob para sujetar la puerta o arreglar la pata coja de la mesa, su importante legado llegó hasta nosotros en la forma de los asistentes de Office, el perro de las búsquedas en Windows XP o el emoticon nerd de Messenger.

Sí, ¿qué habría sido de nosotros... sin Bob?

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