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Si a estas alturas no sabes lo que es un blog, seguro el dedo se te ilumina rojo y buscas cómo llamar a casa.
Hace más de tres años que todo el mundo virtual comenta (literalmente) el fenómeno de estos diarios personales donde millones de usuarios vuelcan sus historias, noticias, sentimientos, deseos... y hasta hacen negocios. No en vano Technorati – autoridad en la materia – señaló el mes pasado que en promedio se crea una nueva bitácora cada segundo, superando la friolera de... ¡35 millones de blogs!
Eso es duplicar el tamaño de la blogósfera cada seis meses. Vamos, digan "¡Whao!"
Y como por supuesto cada revolución necesita armas que la sustenten, la proliferación de sistemas automáticos para publicar contenidos (CMS) ha explotado junto con ella. Hoy, cada proveedor de servicios que se precie otorga un espacio a sus usuarios para crear blogs, en la mayoría bastando ingresar algunos datos básicos y configurar opciones.
Es el caso de Blogger, el servicio más extendido sobre la Web que reseñamos justo hace un año. Básico y extremadamente sencillo, puede que nos baste como un primer paso, pero si queremos tener verdadero control sobre nuestras ideas vamos a necesitar un sistema propio, extensible y por sobre todo, adaptable.
Hasta hace poco esas cualidades nos hacían pensar por naturaleza en Movable Type (MT), un CMS gratuito que se popularizó con rapidez entre los entusiastas al no requerir un físico nuclear para ponerlo en marcha. De hecho su administración era tan simple que hasta un periodista podía hacerse cargo... como comprobó vuestro escritor favorito.
Pero desde las profundidades del código libre, una alternativa mejoraba y se extendía a pasos agigantados, acechando, esperando su oportunidad para tomar el relevo. Ese día llegó en mayo de 2004 cuando Six Apart, la compañía a cargo de MT, decidió limitar el uso personal de su software y cobrar para sacar provecho de todas sus funcionalidades.
Como evidenciaron los cientos y cientos de comentarios que repudiaban in-situ el anuncio, para muchos era la hora de buscar un nuevo sistema que garantizara gratuidad e independencia. Era hora de migrar.
Era la hora... de WordPress.
(Dios, qué dramático soy)
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