A Mario se le subieron los humos a la cabeza. Luego de cosechar una docena de triunfos en los ochenta y noventa como rescatador profesional de princesas, no es extraño que su fama le diera ínfulas de divo. Así, nuestro plomero regordete se lanzó a roles cada vez más estrafalarios. Algunos de ellos exitosos como conductor de autos, doctor, bailarín, luchador o parrandero... y otros que es mejor olvidar, como futbolista, beisbolista o bola de pinball (sin comentarios).
Sin embargo no importa cuán alto - o cuan bajo - caiga Mario, siempre lo extrañamos en su forma original. Esa de los hongos alucinógenos, los subterráneos con tortugas, esqueletos y pirañas que nos demuestran cómo para ser fontanero hay que hacer un curso de supervivencia con el Mossad, la presión capitalista por acumular monedas o ese frustrante champiñón que al final de cada castillo nos anunciaba que la princesa no estaba allí.
(Valía callampa... en serio)
Nintendo lo sabía y por eso Super Mario Bros fue la estrella tanto de la colección Classic NES lanzada para Gameboy Advance en 2004, como para la consola virtual de la hiperkinética Wii, donde - cual regalo de Navidad - fue puesto a disposición de los usuarios justo para el 25 de diciembre pasado.
Y sin ser suficiente para aplacar la nostalgia, ¿qué mejor forma de celebrar la mayoría de edad de nuestro aventurero que devolviéndolo a sus raíces en un edulcorado "remake" para la Nintendo DS? Uno donde se amalgaman los niveles y movimientos tan familiares, con los avances propios de la portátil dual de Nintendo.
Pero en una época de inmensos mundos virtuales en primera persona, gráficos tridimensionales, ritmos del hip-hop y comunidades en línea, ¿puede un título concebido en los cándidos pixeles de 1986 atraer a las nuevas generaciones de jugadores?
La respuesta es... ¡por supuesto!
New Super Mario Bros no sólo fue un fenómeno mundial alcanzando - sólo en Japón - 900 mil copias vendidas en apenas cuatro días, sino que obtuvo las más altas calificaciones en todas las revistas especializadas donde se sometió a pruebas, flanqueando a exitazos como Mario Kart DS o Elite Beat Agents y siendo premiado en al menos diez de ellas como mejor juego del mes o incluso del año.
Eso sí, no sería hasta ver a mi hermano veinteañero absorto cambiando los metales de Need for Speed por las tuberías o los zombies de Resident Evil por un puñado de Goombas, que me convencí del extraño poder hipnótico que el fontanero italiano es capaz de ejercer sobre los jugadores.
Algo que - desde luego - debía comprobar por mí mismo.
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