Cuando hablamos de juegos de terror, es probable que la mente nos
lleve hasta un Resident Evil, Silent Hill o Fatal Frame. Sin embargo,
si son jugadores clásicos de pura cepa, sabrán que
la respuesta tiene una sola palabra: Castlevania. Con sobre una veintena de encarnaciones que desde 1986 la han llevado a prácticamente todas las consolas en existencia, Konami ha hecho de esta franquicia una voz autorizada en aventuras góticas que - independiente de situarse en el oscurantismo medieval o en la sofisticación del siglo XXI - siempre guarda un mismo factor común: Drácula.
Es que a estas alturas Castlevania y Drácula son sinónimos... o mejor dicho, su castillo. Quizá por eso esta última entrega se toma la libertad de dar vacaciones al legendario Conde para pasar las llaves de su casa-habitación a Brauner, un vampiro con el mismo sex appeal de Nosferatu que - aprovechándose del pánico causado por la 2º Guerra Mundial - planea exterminar a la humanidad.
(Como si Hitler hubiera necesitado ayuda).
Pero esta vez no tendremos al típico héroe en curioso desacuerdo con la idea de ser exterminado... ¡sino dos! Y es aquí donde radica la mayor innovación de Castlevania: Portrait of Ruin pues, si bien otros títulos de la saga ya nos daban la chance de elegir personajes, nunca pudimos controlarlos de forma tan estrecha, simultánea... y con tantas posibilidades.
Sumemos a esto la incorporación de escenarios exóticos, conexión WiFi, gráficos mejorados y sonido digital, para obtener uno de los lanzamientos más esperados de la consola dual de Nintendo, que se ha mantenido desde entonces en el ranking de IGN como uno de los 10 juegos más populares para esta plataforma.
(O sea, es el Nº10)
Sin embargo no todo es tan perfecto en esta nueva aventura, como descubriremos al internarnos junto a sus jóvenes protagonistas por los tétricos y oscuros pasillos del Castillo Drácula... MUAHAHAHAHA...
Y recuerden: Sonrían...
Las mejores cosas son de
a dos » |