Una de las moralejas más interesantes de mi experiencia twitterística fue tener cuidado con lo que deseo: si recién la semana pasada me quejaba lastimeramente de que ya nadie me llama por teléfono o me envía mensajes de texto (no se preocupen, me gusta hacerme el víctima), me bastó apenas medio día
de Twitter para sentir la urgencia de lanzar el móvil por la ventana.
(Aunque como vivo en un primer piso, no habría pasado mucho).
Por fortuna, las notificaciones por celular o mensajería instantánea pueden desactivarse o limitarse a ciertas horas del día, e incluso dar salida sólo a los textos privados; pero aún así, la idea de permanecer conectado a nuestro lado virtual en todo momento y lugar ya empieza a levantar polvareda por los anchos pasillos de la Web.
Casi el mismo día en que los chicos de Twitter recogían su premio en la SXSW (agradeciendo por supuesto "en 140 caracteres o menos"), The Wall Street Journal publicaba un artículo con testimonios de usuarios que ya comenzaban a sufrir los primeros embates de la infoxicación masiva por "twittering".
Según la publicación, entre más activos se vuelven los usuarios - y en algunos casos realmente adictos - más se extiende su red de contactos, recibiendo por ende más interrupciones en su vida diaria. En algunas situaciones se hizo necesario realizar una purga de contactos, o bien crear una segunda cuenta, restringida a un círculo más íntimo.
Desglosando el mismo punto pero con una óptica mucho más crítica está Kathy Sierra, una conocida autora y desarrolladora a cargo de Creating Passionate Users (quien dicho sea de paso, se hizo ingratamente famosa la semana pasada debido a las constantes amenazas de muerte que recibió desde su blog).

Según Sierra, existen tres problemas que hacen del servicio un fenómeno de cuidado, y que si bien ya se daban en otros medios como el correo electrónico, la mensajería instantánea o los teléfonos móviles, Twitter los exacerba de forma peligrosa.
- La posibilidad de ser altamente adictivo como resultado de su capacidad para generar expectativas de manera constante (oh... qué bacán me salió esa frase). Es el mismo caso de las máquinas tragamonedas: si allá son pequeños premios de vez en cuando, acá es la chance de obtener mensajes interesantes.
- La falsa sensación de interacción humana, algo que debería preocupar especialmente a los lobos esteparios. Esto porque Twitter puede hacernos creer que estamos siempre inmersos en medio de un gran grupo, cuando en realidad nos aleja del contacto humano... algo imprescindible para la supervivencia.
- La pérdida de atención, traducida en un síndrome de "atención parcial constante". Podríamos acotarlo como la imposibilidad de concentrarse debido a la gran cantidad de interrupciones, que sumado a la "necesidad" de saber qué está pasando puede provocar estrés.
Si bien el artículo de Kathy no fue muy celebrado por sus lectores, esto no ha impedido que otros detractores de Twitter sean aún más lapidarios. El consultor canadiense Mat Balez, por ejemplo, vaticina desde su bitácora personal que el servicio será incapaz de mantenerse vigente más allá de este año.
¿La razón? Criticando el carácter frívolo de sus publicaciones, Balez piensa que los usuarios pronto dejarán de prestarle atención para cambiarse a algún otro servicio que ofrezca algo más de contenido.
Pero allí donde algunos atacan, otros se mantienen expectantes. Es el caso del publicista de AdAge Digital, Steve Rubel, quien si bien se declara cauto ante estos problemas también celebra sus proyecciones.
"Si Twitter mantiene su ascenso meteórico, es posible que estemos ad portas a un cambio de paradigma. Esto no significa que los blogs como los conocemos desaparezcan, pero seguramente evolucionarán siguiendo su modelo si esto se traduce en adaptarse al nuevo esquema", declara Rubel.
Y claro, 50 mil usuarios no pueden estar equivocados.
(Quizá adictos...)
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