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Por estos días estuve de viaje y como lo que está de moda es Second Life, fui precisamente para allá. Mi misión era averiguar sobre la colonia chilena en esos lados. Así, sin necesidad de armar maletas ni pagar pasajes, emprendí camino hacia el mundo virtual más famoso del momento.
Para los que no saben, Second Life (SL) es algo así como los antiguos chat, pero en modalidad inmersiva, con una gráfica que sorprende. Se trata de un mundo virtual tridimensional, que existe desde 2003 y que fue creado por la compañía Linden Lab.
Actualmente en él se mueven 6,1 millones de personas y, según sus cifras, circula más de un millón y medio de dólares al día. El punto es que entrar en el programa es gratis, pero si quieres tener tus propios bienes, tendrás que pagar por ellos con plata virtual que tiene equivalencia en dinero real. Un dólar estadounidense equivale a 300 "linden dollars", que puedes obtener en una transacción a través de tarjeta de crédito.
Teniendo en cuenta esta información, decidí ir a conocer Second Life. Eso sí, cual juvenil mochilera opté por no gastar ni un peso en mi visita.
El primer paso fue ir al sitio oficial y pinchar "join now". Luego me registré, en este momento se puede inventar un nombre de usuario (que será el nombre del avatar o personaje) y elegir un apellido de los que hay en una lista. Además, se llenan otros datos.
Después hay que decidir las características de tu avatar, entre las que aparecen en una serie no muy larga de personajes predeterminados. Así, te conviertes en un "Basic membership". Para ser un integrante premium se debe pagar.
Luego se descarga e instala el programa, que está disponible para Windows, MAC y GNU/Linux. Algunos requisitos técnicos son: procesador de 800MHz, Pentium III, Athlon, o mayor; memoria RAM de 256MB y una buena tarjeta de video.
Finalmente, aparecerá la pregunta que te llevará a otro tiempo y espacio: "Start Second Life now?".
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