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Aunque para la mayoría de mis trabajos gráficos Adobe Fireworks siempre ha sido mi aplicación favorita, es innegable que el peso pesado del ilusionismo digital (y del consumo de recursos) es Adobe Photoshop.
Sinónimo de edición fotográfica durante los últimos diez años - forjando incluso el poco ortodoxo término "photoshopear" - no es de extrañar que fuera creado por los hermanos Thomas y John Knoll, dos especialistas en efectos visuales para películas que trabajan en los estudios Industrial Light and Magic de George Lucas.
Pero mientras nadie puede poner en duda la calidad de los resultados de Photoshop, su uso profesional y gran cantidad de opciones le han granjeado una fama de programa complejo e indescifrable capaz de infundir temor hasta en el más atrevido de los usuarios.
(Pues claro, con aplicaciones tan variopintas que van desde la creación de publicaciones para imprenta hasta la edición de video, pasando por gráficos para la Web, no hay espíritu que resista).
Sin embargo las apariencias engañan. Photoshop también puede entregar resultados espectaculares con un apenas un mínimo de esfuerzo, y qué mejor forma de comprobarlo que ayudándonos a corregir o mejorar nuestras fotografías con algunas de sus herramientas especializadas.
Así que desempolva aquellas viejas fotos, saca de la papelera de reciclaje esas que considerabas causa perdida, o prepárate para darle un giro emotivo a las que parecían no tener mayor interés.
Photoshop is in da house!
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