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Chile se queda atrás
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El año pasado se dio la voz de alerta: Chile dejó de ser líder en conectividad a Internet en el Cono Sur. Peor aún, según las estadísticas, en Latinoamérica somos los que menos usamos las tecnologías de información para mejorar la productividad.
Pero lo cierto es que esta ceguera temporal nos está haciendo dejar pasar las buenas oportunidades de negocios que ofrece la Red. Por ahora, se percibe un aire de descontento, en especial entre los usuarios, que cada vez son más exigentes. La desinformación es tal vez uno de los principales argumentos al hablar del lento desarrollo de Internet en Chile. Aunque ha sido promocionada con bombos y platillos, los proveedores no han logrado dar en el clavo al publicitar las posibilidades que brinda la Red. En los medios de comunicación, en tanto, se destacan los aspectos negativos o curiosos, en los que pornografía, hackers e inseguridad acaparan los pocos titulares dedicados al tema. "Esto provoca miedo y hace que la gente lo piense dos veces antes de conectarse, lo que se agrava en el caso de las empresas, que en nuestro país son muy conservadoras", dice Florencio Utreras, director ejecutivo de Reuna. Como él mismo explica, se trata de un círculo vicioso, en el que el grado de ignorancia hace que el público e incluso los líderes de opinión, desconozcan la esencia misma de Internet. En pocas palabras, todos saben que existe pero nadie sabe bien para qué sirve y cómo sacarle provecho. Publicar un sitio en Internet fue una práctica que se hizo popular rápidamente con la llegada del Web a nuestro país. Hoy, muchas de aquellas páginas permanecen perdidas en el ciberespacio, con información que rara vez es actualizada. Según Utreras, la escasez de contenidos nacionales útiles e interesantes, es un factor que sin duda, también ha frenado el entusiasmo inicial. Si a lo anterior se suma que el 80 por ciento de los contenidos que circulan en la Red están en inglés, queda mucho más claro por qué no se ha logrado cautivar la atención de los usuarios chilenos. Y es que el número de abonados no ha aumentado en la proporción esperada. En el sector empresarial, por ejemplo, sólo 360 empresas mantienen una conexión permanente a la Red. Como reafirma Carlos Busso, gerente general de Tandem Chile, "en un momento se sobrevendió la idea y una vez en Internet, mucha empresas no supieron qué hacer con ella, lo que decepcionó al resto". El ejecutivo agrega que mientras éstas no entreguen servicios a través del Web, tampoco habrá incentivos para tener una conexión. Pero el crecimiento también se ve paralizado por el deficiente servicio de algunos proveedores (ISP). La queja más común alude a la lentitud de las conexiones y si bien la Red tiene sus propias limitantes, hay coincidencia de que en Chile se podría entregar un servicio superior. Según Carlos Busso, lo que ocurre es que no hay una calidad garantizada, que en el caso de las empresas, resulta fundamental, ya que las exigencias son mayores que la de un usuario del hogar. Así, el problema radica en la falta de diferenciación en el tipo de conexión de acuerdo a los requerimientos del cliente. "Si se quiere fomentar el comercio electrónico y en general los negocios por Internet, se necesita un ancho de banda mayor, que permita una rápida respuesta en las transacciones. Entonces, no se puede ofrecer los mismo para quien busca una información como para quien desea hacer una videoconferencia", precisa.
En ese sentido, Max Weinstein, presidente ejecutivo de la empresa de conectividad Cybercenter y gerente general de NAP Chile (red interconectada en la que participan seis proveedores locales), admite que el error de los ISP ha sido precisamente tratar de diferenciarse por las tarifas y no por la calidad. Advierte, que la disconformidad de los usuarios también radica en la falta de orientación por parte de sus proveedores. En la lucha por ganar terreno en el mercado, los proveedores de acceso se vieron obligados a crecer rápidamente, en un proceso para el que no estaban preparados. A esto se agrega el hecho de que muchas de las implementaciones se hicieron considerando costos y no confiabilidad. "Además, se está manejando mal el negocio. Los operadores más chicos están compitiendo en el mismo segmento de los grandes, cuando lo mejor sería que apuntaran a diferentes nichos. Si no hacen esto o se funden en una sola gran empresa, corren el riesgo de desaparecer", indica Utreras. Y mientras los más pequeños hacen sus mayores esfuerzos para competir con los peces grandes, los carriers aún no se deciden a reclamar por completo su tajada del pastel. En un momento su principal interés estuvo en dar conexiones para ganar por el tráfico de llamadas telefónicas. Se pensó que la expansión explosiva que auguraban las estadísticas internacionales, traería consigo un negocio redondo. Y, como afirma Max Weinstein, manejaron la situación "como si se tratara de instalar teléfonos". "Pienso que pronto tendrá que haber una definición. En países donde esto está funcionado, los carriers se han dedicado al transporte y los ISP, a buscar clientes y a dar las conexiones", agrega Carlos Busso. Así, el deslumbramiento inicial por Internet que hizo que todos quisieran estar allí sin saber bien de qué se trataba, ha traído sus consecuencias. Pero la ola que arrastró este revolucionario medio es mucho más poderosa y está obligando a repensar la manera de acercarnos a esta tecnología. El punto es que lo hagamos a tiempo.
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