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  • Afuera de la caja

    23/03/2011 - 11:34

     

    Me creerían si les dijera que lo que más me impactó de la última consola de Nintendo no es su pantalla 3D? Y mejor aun, ¿si les dijera que el título que más ansioso me tiene no viene en una tarjeta, sino que preinstalado dentro de la consola?

     

    Pues bien, esa fue una de mis primeras conclusiones luego de pasar unos cuantos minutos con la versión final de la Nintendo 3DS, la que por fin llegará a tiendas chilenas este domingo.

     

    El equipo, cuya principal característica es su pantalla hecha para la generación Avatar –pero sin necesidad de usar lentes especiales- tiene muchos trucos bajo la manga que, en mi apreciación, la definen mucho mejor como una portátil más completa.

     

    Por ejemplo, la aplicación de realidad aumentada que se incluye como contenido gratuito dentro de la consola mezcla varios elementos nunca antes vistos en una consola portátil. A través de unas cartas especiales, incluidas con la consola, el sistema es capaz de crear mundos virtuales en locaciones reales y convertir una mesa, por ejemplo, en una montaña o hacer aparecer un dragón de un montón de diarios en el piso.

     

    Esto, obviamente no sucede en el mundo real, sino que sólo mientras se mira a través de la pantalla de la consola. Dado que el sistema cuenta con sensores de movimiento, los jugadores tienen total control de lo que ocurre, pudiendo ver imágenes en 360 grados, o con diferentes alturas según se mueve la consola.

     

    La pantalla se convierte, así, en una especie de cámara de video fantástica, a la cual se le suma el efecto 3D, completando así una experiencia completa.

     

    Otro juego incluido dentro de la 3DS es Face Raiders, un juego con la misma lógica de convertir un lugar común en un centro de juegos. En Face Riders, los enemigos vienen de todas partes, por lo que hay que estar girando constantemente para dispararles antes de que choquen contra uno.

     

    Ambos ejemplos vienen incluidos dentro de la consola, y a pesar de que no son títulos muy profundos y su novedad no dure más de una semana, si hablan de los potenciales que tiene la consola.

     

    En Nintendogs + Cats, por ejemplo, es posible usar la realidad aumentada para colocar a tu mascota digital dentro de tu casa y sacarle fotos. Otros juegos usan el acelerómetro para contar los pasos que una persona da en el día. Esos pasos se convierten en monedas, las que se pueden usar para desbloquear contenido en algunos juegos.

     

    Todos estos elementos tienen una gracia en particular: ninguno puede se hecho en una consola tradicional, alejándose del paradigma de que la consola portátil es sólo una versión para llevar de los juegos hogareños.

     

    La Nintendo 3DS tiene los suficientes elementos como para ser una revolución portátil, un sistema que de verdad aprovecha todo el potencial de ser llevada en un bolso o en el bolsillo. Pero también tiene sus defectos.

     

    El principal es la duración de la batería. Ningún sistema que se llame portátil puede jactarse de durar sólo entre 3 y 5 horas –aunque puede durar 8 con el 3D apagado, pero entonces ya no es una 3DS-. Nintendo trató de ocultarlo con una especie de cuna que puede llevarse a todos lados para cargar la consola, pero de nuevo, ser portátil se trata de llevar cada vez menos cosas en el bolso.

     

    El efecto tridimensional también puede sufrir mucho con la movilidad del equipo. Para que se vea, los ojos deben estar en un campo visual muy reducido, prácticamente con los ojos frente a la pantalla. Cualquier variación de ángulo, producto de un movimiento brusco o cansancio de los brazos hace que el efecto se pierda y se tenga que reenfocar.

     

    Y aunque el efecto de las cámaras es bueno, podría mejorar si no fuera por la poca resolución que poseen.

     

    De todas formas, la 3DS es, hasta el momento, la consola mejor pensada para el público portátil que se ha hecho. Si los desarrolladores son capaces de aplicar sus capacidades de forma creativa, entonces correrá muy seguramente el destino de las antiguas consolas de Nintendo.


     

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